Qué ver en PARÍS – Torre Eiffel

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Siempre nos quedará París.” Una de las muchas frases que hacen referencia a esta maravillosa ciudad; la ciudad del amor, del arte, de los sueños…

Como bien dicen en la famosa película de Disney de Ratatouille: “¿Por qué no aquí? ¿Por qué no ahora? ¿Acaso hay mejor lugar para soñar que París?

Cualquier excusa es buena para viajar a París. Sus enormes avenidas, sus jardines, sus grandes palacios, su vida nocturna, sus estrechas callejuelas de los barrios más pintorescos… hacen que París sea una ciudad que parece diseñada para el disfrute del viajero.

París es una ciudad enorme, de forma que vayas los días que vayas, siempre sentirás que necesitabas más, que no quieres volver a casa. En esta ocasión, tuve la oportunidad de pasar 5 días en esta maravillosa ciudad, de los cuales 3 y medio fueron para visitar París, y los otros dos, uno para irnos a Disneyland (da igual la edad que tengas, si nunca has ido, ¡tienes que ir!), y el medio más para visitar el famoso Palacio de Versailles.

París es conocida como la ciudad del amor y un lugar perfecto para ir con tu pareja, dato que es cierto; pero es porque París es preciosa. Por lo tanto, vayas sola, con tu familia, con tus amigos, o con tu pareja, la disfrutarás.

En este caso yo fui con mi madre y mi hermano. La verdad es que fue un viaje bastante improvisado. Normalmente, me gusta organizar los viajes con tiempo para tenerlo todo controlado y no perderme ningún sitio de interés, y, evidentemente, porque suele salir más barato. Pero, a veces, también me da por decir: oye, ¿y si nos vamos de viaje? Y a la que alguien no me responde un no rotundo me pongo a buscar vuelos y en pocos días ya estamos en una nueva ciudad.

Y eso fue lo que pasó en este caso. Con lo cerquita que está de Barcelona y aún no había estado en París y propuse que nos fuéramos a verlo. El hecho de que fuera improvisado hizo que mi padre no pudiera venir, ya que estaba trabajando, pero mi madre tenía vacaciones en esas fechas y mi hermano aún no había empezado el colegio, así que decidimos irnos los tres.

Desde España se puede llegar a París de muchas formas, pero la más rápida y, posiblemente la más económica, es en avión. Salimos temprano de Barcelona y, en poco más de una hora, ya estábamos en la capital francesa.

DÍA 1:

Lo primero que hicimos al llegar allí fue dirigirnos a nuestro hotel, justo al lado de la Plaza de la Bastilla. No es uno de los lugares más turísticos, motivo por el cual pagamos un precio decente por dormir allí (¡dormir en la ciudad parisina es carísimo!). Es un barrio muy animado, dato que puede ser perjudicial o beneficioso en función de para quien. Si después de todo el día tienes fuerzas de pasear por el barrio, te encantará; pero si solo quieres dormir, quizás sea un poco ruidoso (yo volvía tan cansada de andar todo el día por París que no escuchaba nada y dormía estupendamente). Eso sí, tiene una gran cantidad de bares y restaurantes entre los que escoger.

Una vez instalados, salimos del hotel y fuimos a dar una vuelta por la ciudad, hasta llegar a la famosa Torre Eiffel. Pero nuestro destino más inmediato no era la Torre Eiffel, sino que era el Panteón. Para llegar hasta él desde la Plaza de la Bastilla hay que dirigirse hacia el Río Sena y cruzarlo. En los alrededores del río hay varios parques preciosos y, cuando lo estés cruzando, desde el puente, puede admirarse la famosa Catedral de Notre-Dame. Bien, volviendo a nuestra ruta, cruzamos el río y caminamos hasta llegar al Panteón de París.

El Panteón se encuentra ubicado en el Barrio Latino, y fue el primer monumento importante de la ciudad parisina. A lo largo de su historia, el Panteón de París ha tenido diferentes funciones, desde fines religiosos hasta patrióticos.

Actualmente, el Panteón se ha convertido en un edificio destinado a albergar los cuerpos de los hombres ilustres, donde podremos encontrar las tumbas de personajes como Voltaire, Rousseau, Víctor Hugo, Marie Curie, Louis Braille, Jean Monnet o Alejandro Dumas.

Puedes  entrar en su interior y visitar las tumbas de dichos famosos; aunque solo por fuera el edificio ya es impresionante.

Desde la propia plaza del Panteón, ya puede admirarse una parte de la Torre Eiffel, el monumento más famoso de París. Además, en los alrededores del Panteón puedes disfrutar de enormes y preciosos edificios que no pasan desapercibidos.

Aunque París tiene muchos lugares concretos que hay que visitar, lo más impresionante de la ciudad son sus enormes calles y sus grandes palacios o mansiones. Por ese motivo, recomiendo visitar la ciudad caminando. Aunque las distancias son bastante grandes, creo que vale la pena hacerlo andando en vez de coger el metro para poder disfrutar de la auténtica magia de París.

Muy cerquita del Panteón, encontramos los Jardines de Luxemburgo, los más bonitos de París. Se trata de uno de los lugares más populares de la ciudad, tanto para los parisinos como para los turistas. Además del Palacio de Luxemburgo y numerosas estatuas y esculturas, dichos jardines también presentan varias sillas alrededor del pequeño lago que hay en el interior en las que los parisinos suelen venir a sentarse y relajarse leyendo o, simplemente, admirando los preciosos jardines. Es un lugar perfecto para descansar y desconectar de la ciudad.

Saliendo del parque, nos dirigimos hacia Los Inválidos. De camino a allí pasamos por las Galerías Lafayette, donde encontrarás todas y cada una de las marcas más conocidas a nivel internacional. Finalmente, llegamos a Los Inválidos, formado por el imponente complejo arquitectónico del Palacio Nacional de los Inválidos. La Iglesia de Los Inválidos fue concebida para servir al rey y a los soldados, de forma que es un lugar con mucha historia sobre la armada francesa. Además de por su enorme e imponente cúpula dorada, la Iglesia de los Inválidos también es muy conocida por contener la sepultura de Napoleón.

Seguimos paseando por esta maravillosa ciudad hasta llegar, por fin, a la famosa Torre Eiffel, el símbolo de París. Con nada más y nada menos que 324 metros de altural se ha convertido en el símbolo más representativo de París y una de las torres más famosas del mundo (es el monumento más visitado del mundo con más de 7 millones de visitantes anuales).

Vale la pena subir al menos al “segundo piso” y disfrutar de las maravillosas vistas de la ciudad que ofrece. Segundo piso está entre comillas porque para llegar a él hay que subir, nada más y nada menos que ¡¡¡1665 escalones!!! Evidentemente, también es posible subir en ascensor, opción que posiblemente elijas si llevas todo el día caminando por París.

Si te gustan las alturas puedes subir hasta la cima (¡a 275 metros del suelo!). Yo no subí ya que tengo algo de vértigo y suficiente tuve con estar a 115 metros del suelo, así que no puedo recomendaros si vale la pena o no subir hasta la cima. Pero sí creo que vale la pena subir hasta el segundo piso y admirar toda la ciudad; podrás ver todos los lugares más famosos de París en un tamaño diminuto.

Además de las impresionantes vistas, la Torre Eiffel tiene una curiosa historia que merece la pena ser contada. Dicha torre fue diseñada por Alexandre-Gustáve Eiffel, quien, inicialmente, presentó su proyecto en el Ayuntamiento de Barcelona para la Exposición Universal que se celebraría en 1888. Pero Eiffel obtuvo una respuesta negativa, ya que creían que era una construcción rara que no encajaría en la ciudad. Tras recibir el rechazo de Barcelona, Eiffel presentó su proyecto a la ciudad parisina, que aceptaron sin mucho entusiasmo, y con idea de desmontarla una vez pasada la Exposición.

No solo tenía poco éxito entre los políticos, sino que ni siquiera tenía apoyo social por parte de los parisinos. Por suerte, los militares llegaron a la conclusión que la torre era un lugar privilegiado para la instalación de antenas y equipos de radio, dándole un uso práctico que justificara su existencia, evitando así su demolición en 1900. La torre también fue utilizada durante la Primera y Segunda Guerra Mundial, tanto para captar mensajes enemigos, como para emitirlos.

Finalmente, en la década de los 60, empezó a haber un turismo masivo que aumentó considerablemente las visitas de la torre, hasta convertirse, hoy en día, en uno de los monumentos más visitados del mundo.

Después de subir a la Torre Eiffel y disfrutar de sus vistas, dimos un paseo por los alrededores y nos paramos en un bar a cenar. Un par de horas más tarde, volvíamos hacia la Torre Eiffel para disfrutarla iluminada, una auténtica maravilla.

Sin lugar a dudas, si antes de llegar ya estaba enamorada de París tan solo con ver sus fotos, después de solo un día paseando por la ciudad, me enamoré completamente.

Ya se hace tarde y toca irse a descansar, así que tras un largo día de pasear por la ciudad parisina es hora de irse a dormir. Cogemos el metro y nos dirigimos a nuestro hotel a recuperar fuerzas para seguir mañana. 

Continuará…

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