Qué ver en PARÍS – Notre Dame y Louvre

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Siempre nos quedará París.” Una de las muchas frases que hacen referencia a esta maravillosa ciudad; la ciudad del amor, del arte, de los sueños…

Como bien dicen en la famosa película de Disney de Ratatouille: “¿Por qué no aquí? ¿Por qué no ahora? ¿Acaso hay mejor lugar para soñar que París?

Cualquier excusa es buena para viajar a París. Sus enormes avenidas, sus jardines, sus grandes palacios, su vida nocturna, sus estrechas callejuelas de los barrios más pintorescos… hacen que París sea una ciudad que parece diseñada para el disfrute del viajero.

DÍA 2:

¡Buenos días desde la ciudad del amor! Nos levantamos tempranito después de haber dormido estupendamente de lo cansados que estábamos y nos dirigimos a la primera parada del día: la Catedral de Notre Dame.

Después de unos 20 minutitos andando y de pasar varias paradetas turísticas, llegamos a la Catedral de Notre Dame, situada en la Ile de la Cité. Se trata de una de las catedrales más antiguas del mundo y, sin lugar a dudas, la más famosa de París.

Desde donde veníamos nosotros llegamos por la parte de atrás de la Catedral, donde se ubica un bonito jardín donde aprovechamos para sentarnos a desayunar los bocadillos que habíamos preparado antes de salir del hotel. Después de desayunar nos dirigimos a ver la entrada principal de la Catedral.

Entrar en la Catedral es totalmente gratuito y, si vas entre semana, lo más probable es que no tengas que hacer ningún tipo de cola para disfrutar de su interior.

Además, Notre dame tiene dos torres de casi 70 metros de altura en su fachada, desde donde tendrás unas bonitas vistas de la ciudad. Para acceder a las torres sí hay que pagar y hacer cola para comprar las entradas y, como ya habíamos subido a la Torre Eiffel, decidimos que no valía la pena subir.

En los alrededores, encontrarás artistas callejeros dibujando la Catedral. La mayoría son muy agradables y te enseñan sus dibujos sin ningún tipo de compromiso.

Tras visitar la famosa Catedral de Notre Dame, nos dirigimos hacia el Louvre. Pero, de camino, encontramos el puente más conocido de París, el Pont des Arts, conocido comúnmente como el puente de los candados, o el puente del amor.

Se trata de un puente normal y corriente, eso sí con vistas muy bonitas de la ciudad parisina, donde la gente empezó a declarar su amor a sus parejas. Las parejas suelen ir con un candado a este famoso puente (o lo compran en los alrededores, ya que hoy en día venden candados en prácticamente todas las tiendas turísticas), lo colocan en él y tiran la llave al río, como acto de amor eterno.

Esta bonita acción de colocar el candando y tirar la llave al río simbolizando un amor que nunca se acabará ha supuesto para París un grave problema. El aumento de peso del puente ha provocado grandes alertas en la ciudad parisina, haciendo que parte de los candados hayan tenido que ser retirados por la seguridad del puente.

Cruzamos el puente y llegamos, ahora sí, al Museo del Louvre. Se trata del museo más importante de Francia y uno de los más visitados del mundo. El Museo se encuentra ubicado en el Palacio del Louvre, una antigua fortaleza (siglo XII), que también fue utilizada como residencia real, donde se acumulaban colecciones artísticas. En trasladarse la residencia real al Palacio de Versailles, el Palacio del Louvre se convirtió en un museo que exponía las colecciones de la monarquía francesa.

Actualmente, el Museo del Louvre cuenta con unas 300000 obras, de entre las cuales destaca principalmente “La Gioconda” (Leonardo da Vinci); y, entre las esculturas, “La Venus de Milo” (Antigua Grecia) y “El escriba sentado” (Antiguo Egipto).

Si eres amante del arte, puedes pasar días y días visitando el museo. Evidentemente, normalmente no hay tanto tiempo para dedicarle ya que hay muchísimas cosas que ver en la ciudad, así que con una mañana o una tarde se obtiene una visión general.

Un dato interesante o, si más no, curioso, son los precios del museo. Aunque la entrada inicial del museo para los adultos es de 15 euros (precio similar a España), puedes obtener descuentos de varias formas, hasta obtener una entrada gratuita si eres menor de 18 años, o tienes entre 18 y 25 y eres de la Unión Europea. Así pues, un museo de tanta importancia como el Louvre es bastante asequible para cualquiera.

A la hora de acceder hay que tener en cuenta las enormes colas que pueden formarse para comprar las entradas. Por ese motivo es recomendable ir a primera hora de la mañana para hacer el menor tiempo de cola posible.

Una vez dentro, te darán un mapa que organiza las obras por temáticas y podrás escoger aquellos momentos históricos que más te interesen. Además, en todo el museo hay señales que te indican las obras más famosas de la época y cómo llegar a las otras temáticas.

Mi recomendación personal es que no te obsesiones con ver únicamente “La Mona Lisa”, ya que será la zona donde haya más aglomeración de gente y, probablemente, ni puedas acercarte mucho sin agobiarte entre la multitud. El Louvre es un museo impresionante que vale la pena recorrer con tranquilidad y disfrutando cada una de las épocas.

Al salir del Museo, cruzamos por el Jardín de las Tullerías, hasta llegar a la Plaza de la Concordia, desde donde seguiremos caminando hasta llegar a la Iglesia de la Madeleine. Dicha iglesia es uno de los templos más curiosos de París, ya que tiene un diseño típico de la Antigua Grecia.

Después de visitar la Iglesia de la Madeleine, nos vamos a comer que ¡estamos muertos de hambre! Bien, en realidad no fue tan fácil. Nos pusimos a andar en busca de algún bar donde comer por un precio razonable y no encontrábamos ¡ni uno! Finalmente, después de un buen rato deambulando, nos sentamos en un bar de lo más normal con unos precios decentes. Una manera de ahorrar a la hora de comer en Francia es pedir agua del grifo, ya que te la sirven gratis. Y puede parecer una tontería, pero en París una cocacola o cualquier refresco puede costarte en un bar de lo más sencillo ¡¡5 euros!! ¿No te parece escandaloso? Porque a mí, sí. Así que intenta beber con agua del grifo siempre que puedas.

Una vez con la barriga llena, nos dirigimos (o lo intentamos) a los Campos Elíseos. Digo lo intentamos porque después de dar tantas vueltas para encontrar un sitio donde comer estábamos perdidos. Al principio no nos importó, pero después de un rato andando sin saber dónde estábamos decidimos que era mejor preguntar, que sino aun íbamos a alejarnos más de nuestro destino.

La ventaja de perderse en París es que es una ciudad que impresiona en cualquier lugar, de forma que no tuvo por qué ser una pérdida de tiempo, sino que pudimos conocer otras zonas de la ciudad parisina.

Finalmente, tras un rodeo por París, llegamos a los Campos Elíseos. Se trata de la avenida más conocida de París y una de las más famosas del mundo. Es una calle enorme que incluye todas las tiendas de marcas que conoces y más; encontrarás desde coches de lujo, hasta ropa, bolsos y joyas.

Dicha avenida va desde la Plaza de la Concordia hasta el Arco de Triunfo. De camino, encontramos el Petit Palais y el Grand Palais, dos preciosos antiguos palacios, actualmente, convertidos en museos. Al otro lado de los palacios encontramos el Puente Alexandre III, el puente más bonito de París. Desde el puente tendrás unas vistas preciosas de la Torre Eiffel y de los palacios que acabas de dejar atrás.

Volvemos hacia los Campos Elíseos y caminamos hasta llegar al otro extremo de la avenida, donde encontramos el Arco de Triunfo, uno de los monumentos más representativo de París. Con sus 50 metros de alto, el Arco de Triunfo representa las victorias del ejército francés bajo las órdenes de Napoleón.  

Desde el Arco de Triunfo puede observarse la gran avenida de los Campos Elíseos por un lado, y el moderno Barrio de La Defense, donde nos dirigiremos a continuación, por el otro. Como el La Defense está bastante lejos del Arco de Triunfo y no hay nada relevante por el camino, decidimos coger el metro y en menos de 10 minutos estamos en este moderno barrio.

El Barrio de La Defense constituye uno de los distritos de negocios más importantes de Europa. En él encontramos múltiples torres y rascacielos pertenecientes a importantes empresas a nivel mundial. Lo más impresionante del barrio no son los rascacielos en sí, sino el contraste entre esos rascacielos y las vistas de la antigua ciudad de París.

Dicho barrio también presenta un Arco, llamado Grande Arche de la Fraternité, aunque es comúnmente conocido como Arco de la Defensa. Se trata de un enorme cubo hueco de 110 metros de altura.

Tras visitar el Barrio de La Defense volvemos hacia el centro de la ciudad y, como nos habíamos enamorado de la Torre Eiffel, decidimos volver y pasear un poco más por sus alrededores antes de que oscurezca.

Esta vez, en vez de llegar por el Campo de Marte, llegamos desde el otro lado, desde Los Jardines de Trocadero, obteniendo una bonita y diferente vista de la Torre Eiffel.

Seguidamente, nos dirigimos a ver la Llama de la Libertad, una réplica de la llama situada en el extremo de la antorcha que lleva en la mano la Estatua de la Libertad de Nueva York.

Finalmente, para rematar el día, nos compramos una crepe y nos dirigimos a los campos de la Torre Eiffel a admirarla iluminada mientras disfrutamos de una buena crepe francesa. 

Continuará…

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