Qué ver en PARÍS – Versailles y Montmartre

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«Siempre nos quedará París.” Una de las muchas frases que hacen referencia a esta maravillosa ciudad; la ciudad del amor, del arte, de los sueños…

Como bien dicen en la famosa película de Disney de Ratatouille: “¿Por qué no aquí? ¿Por qué no ahora? ¿Acaso hay mejor lugar para soñar que París?

Cualquier excusa es buena para viajar a París. Sus enormes avenidas, sus jardines, sus grandes palacios, su vida nocturna, sus estrechas callejuelas de los barrios más pintorescos… hacen que París sea una ciudad que parece diseñada para el disfrute del viajero.

DÍA 3:

¡Buenos días princesa! (Blue Jeans) ¡Y nunca mejor dicho! Porque, ¿sabes qué? ¡¡¡Nos vamos al Palacio de Versailles!!!

El Palacio de Versailles se encuentra muy cerquita de París, de forma que en menos de una hora en tren nos plantamos en el bonito pueblo de Versailles y, en unos 15 minutos, llegamos al Palacio.

Se trata de uno de los palacios más conocidos a nivel mundial; tanto por su arquitectura, sus interminables y perfectamente cuidados jardines, y por constituir una parte importante de la historia de Francia.

Luis XIV ordenó erigir este precioso palacio a partir del pabellón de caza de su padre. Desde entonces, el Palacio de Versailles ha pertenecido a la monarquía francesa durante muchos años, que han ido embelleciendo el palacio hasta lo que encontramos hoy en día.

Pero lo más impresionante no es sólo el palacio en sí, sino los enormes jardines que encontramos a su alrededor; jardines interminables y perfectamente cuidados que te harán sentir como en un cuento de hadas.

El precio para entrar en el Palacio son los mismos que los que encontramos en el Louvre (15 euros para los adultos, gratuito para menores de 18 años, y gratuito para jóvenes entre 18 y 25 años residentes en la UE); pero la entrada a los jardines es gratuita.

El problema de entrar en el Palacio no es el precio en sí, sino las grandes colas que hay que hacer para comprar la entrada. Nosotros pensábamos dedicarle una mañana a ver el Palacio y, viendo la cola que había, ¡podíamos pasarnos la mañana solo para comprar la entrada!

Así que decidimos no entrar en el Palacio y ver solamente sus jardines. Y creo que fue una idea bastante acertada, porque desde los jardines podían verse zonas del palacio gracias a los grandes ventanales que presenta que, como era pleno verano, estaban abiertos; aunque es evidente que desde fuera no se podía apreciar muchas zonas del interior.

Aun así, palacios hay muchos, pero ¿jardines como esos? ENORMES. INTERMINABLES. CUIDADOS. Realmente impresionantes. Podrías pasarte semanas en el Palacio que no acabarías de recorrerte sus jardines (cuentan con una extensión de ¡más de 800 hectáreas!).

Dentro de los jardines puedes alquilar una bicicleta o coche eléctrico, pero, como muchos ya sabéis, a mí me gusta caminar, así que como teníamos tiempo, decidimos recorrerlos a pie. Evidentemente, no vimos los jardines completamente, pero sí disfrutamos de gran parte de ellos.

Aunque la cantidad de turistas que hay en el Palacio y sus jardines es impresionante, sus enormes dimensiones hacen que puedas pasear completamente solo. A la que te alejas un poco de la zona más céntrica y próxima al palacio, hay múltiples caminos por los que es prácticamente imposible encontrarte a gente, ya que probabilísticamente cada uno se habrá dispersado por un lugar distinto.

Una de las cosas más impresionantes de los jardines, además de sus enormes dimensiones, es con el cuidado que están cortados todos y cada uno de los árboles y arbustos: todos los árboles cortados a la misma altura, arbustos con formas curiosas… una auténtica maravilla. ¡Es fácil sentirse rey/reina en un lugar así!

Después de toda la mañana paseando por los jardines y haciendo miles de fotos, nos subimos de nuevo al tren para volver a París y dirigirnos al Museo de Orsay. Como aun no habíamos comido, estábamos muertos de hambre, así que buscamos algún bar donde comer. Evidentemente, estar en pleno verano y en lugar turístico, no ayudaban a la búsqueda de un bar donde quedarnos, así que nos compramos una pizza cada uno y nos sentamos en las escaleras del Museo a comer.

Puede que haya gente que no le guste comer en el suelo y prefiera estar en un restaurante, pero realmente cuando viajas es mucho más cómodo hacer eso que no ir buscando un restaurante donde haya sitio y no tengan unos precios desorbitados. Por esa razón, cuando nos sentamos, vimos que estábamos rodeados de muchísimos turistas más haciendo lo mismo que nosotros.

Ya con la barriga llena, paseamos un rato por el Museo de Orsay, donde se encuentran obras de grandes artistas como Renoir, Cézanne, Gauguin o Monet. Tras una hora aproximadamente por el Museo, decidimos que era hora de irnos a mi barrio preferido de la ciudad, Montmartre.

Para llegar hasta él, cogemos un metro que nos dejará en la zona baja del barrio. Una vez allí hay que subir escaleras, y más escaleras, y más escaleras, hasta llegar al Barrio de Montmartre, situado a 130 metros de altura. Sin lugar a dudas, vale la pena subir todos esos metros para llegar al barrio más especial y peculiar de París. Tengo que decir que además de subiendo nada más y nada menos que 197 escalones, también puede llegarse al barrio en funicular. Pero reconocerás que pierde la gracia ¿no? Si físicamente puedes, yo recomiendo subir andando; es un paseo muy agradable que te permite sentir como te vas alejando de la ciudad parisina y acercando a este barrio encantador.

El Barrio de Montmartre es también conocido como el Barrio de los Pintores, ya que en él encontrarás grandes cantidades de pintores callejeros con un talento impresionante.

Uno de los lugares más representativos del barrio es la Place du Tertre, llena de pintores callejeros que le dan ese aire bohemio al barrio. Desde dicha plaza, se abren múltiples callejuelas donde vale la pena perderse y descubrir todos y cada uno de los detalles del barrio.

Pero, evidentemente, el monumento más representativo de Montmatre es la Basílica del Sagrado Corazón, uno de los lugares más sagrados e importantes de París. Es una basílica realmente impresionante; con sus 83 metros de altura, no deja indiferente a nadie. Se puede entrar en su interior de forma totalmente gratuita; pero, a mi gusto, lo más impresionante es el exterior de la basílica, ¡¡una de las más bonitas que he visto nunca!!

Si vas a París, el Barrio de Montmarte y su imponente Basílica del Sagrado Corazón son ¡¡visita obligada!!

Una vez visitada la Basílica del Sagrado Corazón, volvemos a bajar todas esas escaleras, hasta llegar a la zona baja del Barrio de Montmartre, donde encontramos una impensable e inimaginable cantidad de sex-shops y algunos cabarets, entre los que destaca el famoso Moulin Rouge.

Tras un intenso día de pasear por los jardines de Versailles y visitar el barrio de Montmartre, nos dirigimos al hotel a cambiarnos para irnos a cenar a uno de los barrios más animados de la ciudad, el Barrio Latino.

El Barrio Latino debe su nombre a la Época Medieval, cuando los habitantes de la zona eran estudiantes que utilizaban el latín para comunicarse. Actualmente, se trata de un entramado de callejuelas repletas de luces de colores y con una gran oferta de bares y restaurantes donde cenar, y, además, a precios mucho más asequibles que en el resto de la ciudad.

Finalmente, después de cenar, damos un paseo por el barrio y volvemos al hotel a descansar, que mañana hay que madrugar para coger un tren e irnos a….

Continuará…

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