10 días para descubrir POLONIA – Cracovia (parte II)

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Hace mucho tiempo que miraba vuelos a Polonia y…¡por fin me decidí! Este año iba a pasar la Navidad en Polonia!! Después de unos meses muy intensos de clases, prácticas, trabajos , necesitaba unos días de disfrutar y relajarme, así que como no, decidí irme de viaje.

No tenía mucho margen en cuanto a las fechas, ya que al volver de Navidad tenía exámenes de la facultad, pero eso no iba a impedir que pasara unas navidades preciosas en Polonia. Así que compré un billete de ida el día 26 de diciembre a Cracovia, y uno de vuelta el día 4 desde Varsovia, teniendo así 10 días para descubrir este precioso país.

Si queréis ver el itinerario que seguí y los preparativos de viaje, tenéis más información en un post anterior.

Polonia es un país que vale la pena visitar en cualquier momento, pero teniendo la oportunidad de ir en esas fechas era aún mejor, ya que podría disfrutar de todos sus mercadillos navideños y su maravillosa decoración.

Como en varios de mis viajes, no me hospedé en hoteles, sino que utilicé la aplicación de Couchsurfing para quedarme a dormir en casas de gente local. Si no conocéis la aplicación y queréis saber más sobre ella, tenéis más información en este post.

DÍA 2:

El despertador suena a la 7 de la mañana y me recuerda que tengo que espabilarme para aprovechar el día, ya que oscurece muy temprano, y hoy tengo muchas cosas que hacer.

A las 8 de la mañana ya estaba en la calle y fui a pasear por el barrio judío. Dependiendo de dónde estéis alojados, lo más cómodo es que cojáis el tranvía o algún bus para llegar, pero yo decidí ir andando, ya que estaba a unos 15-20 minutos.

El gueto judío fue establecido por el régimen nazi 1941 en el barrio de Podgórze donde unas 15.000 personas fueron hacinadas en apenas 30 calles y aisladas de los barrios vecinos por enormes murallas.

Mi primer destino del día era la famosa Plaza de los Héroes del Gueto, con decenas de sillas vacías en homenaje a los deportados. Justo en frente de la plaza de encuentra la Farmacia del Águila (Apteka pod Orlem), que en su día fue esencial para la salvación de muchas vidas. Hoy en día es un museo que se puede visitar. Yo decidí no entrar, ya que había otro museo al qué quería ir y no me daba tiempo de visitar ambos.

Decidí parar a desayunar tranquilamente en la plaza de las sillas y después de una media hora por allí me dirigí hacia la fábrica de Schindler, ubicada a unos 15 minutos desde la plaza de los héroes del gueto. Llegué allí sobre las 9:30 y el museo no abría hasta las 10, así que tuve que esperar un rato. La entrada para estudiantes vale 18 zloty, que son unos 5 euros.

La Fábrica de Oskar Schindler es conocida a nivel mundial por su aparición en la película «La Lista de Schindler». Igual que la farmacia, dicha fábrica fue vital para mucha gente, ya que salvó a más de 1.200 personas. Inicialmente, la motivación de Oskar era puramente económica (la mano de obra judía era muy barata), pero, con el tiempo, empezó a defender a sus empleados del régimen nazi para evitar que fueran llevados a campos de exterminio.

Actualmente, es un museo que vale la pena visitar para conocer más sobre la historia de la ciudad y la ocupación nazi. El museo está muy bien ambientado y pensado para todos los públicos.

Después de una hora en el museo volví hacia el barrio judío para visitar la Basílica de Corpus Christi. Por el camino podéis disfrutar de varias de las sinagogas que quedan después de la segunda guerra mundial.

Después de una media hora caminando, por fin llegué a mi destino, un enorme templo barroco que, sin duda, no puede faltar en vuestro itinerario. La verdad es que me sorprendió muchísimo, ya que pensaba que sería una basílica más y no. Es muy grande y preciosa, rodeada por unos jardines muy bonitos por los que podrás pasear para admirar la basílica desde todos sus puntos.

Ya sobre las 12 del mediodía decidí empezar a volver hacia el centro para visitar el castillo que vi ayer que tanto me gustó. En menos de media hora ya estaba en lo alto de la colina admirando, ahora de día, la catedral y el castillo de Wawel.

La colina Wawel, donde está ubicado el castillo, fue el centro de la vida eclesiástica y política en Polonia hasta el traslado de la capital a Varsovia en 1609. El castillo ha sido testigo directo de los episodios más importantes de la historia del país, desde las invasiones suecas del s.XVII hasta la II Guerra Mundial, época en la que pasó a convertirse en Museo Nacional.

Junto al castillo podemos encontrar la Catedral de Wawel, que, con su espectacular fachada pintoresca de mezcla de estilos y colores, no deja a nadie indiferente. La catedral se puede visitar, así como su cripta, por tan solo unos 2 euros. La cripta fue utilizada como Panteón Nacional, siendo aquí donde yacen bastantes de los reyes de la antigua corona polaca.

Después de visitar la catedral volví hacia el centro de la ciudad, pasando por las iglesias de San Andrés y San Pablo y San Pedro. Una vez en la Plaza del Mercado, comí en una pizzería italiana y fui al Passage 13, un centro comercial muy elegante y caro. Eso sí, si te gustan las marcas, te encantará.

Muy cerca de la plaza también se encuentra el Collegium Maius, el edificio universitario más antiguo de Polonia. Nada más entrar encontramos un patio del siglo XV, al que se puede entrar al patio de forma gratuita.

Tras visitar la Universidad, volví a la Plaza del Mercado, donde destacan la Torre del Ayuntamiento con sus 70 metros de altura, y la pequeña Iglesia de San Adalberto, cuyos orígenes se remontan al siglo X.

En el centro de la plaza encontramos la famosa Lonja de los Paños. El edificio se empezó a construir en el siglo XIV aunque el que vemos actualmente tiene diseño renacentista. Se trataba de un importante centro comercial donde se importaban y vendía todo tipo de mercancía. Actualmente, la planta baja es una especie de mercadillo turístico, el cual podéis atravesar para cruzar la plaza.

Tras visitar la lonja, sobre las 3 de la tarde, me fui directa a la estación central de autobuses a coger un bus para ir a las minas de sal. Hay varios autobuses y trenes que hacen el recorrido, y tras leer información en varios blogs decidí que lo mejor era en bus. El bus urbano que va a las minas es el 304, que sale de delante de la estación; o bien preguntar en la estación y desde allí os indicarán qué otros buses van. Para ir cogí uno de los buses que salía desde dentro que me costó 4 zloty que es un euro.

El trayecto son solo 15 km, pero no vayáis justos, ya que a esas horas suele haber mucho tráfico y se puede tardar mucho (nosotros tardamos casi una hora).

Las Minas de Sal de Wieliczka son monumento Patrimonio de la Humanidad (1978. Para visitarlas lo mejor es comprar la entrada por Internet (unos 20 euros), ya que así os aseguráis que podéis entrar, ya que es obligatorio hacerlo con visita guiada y si reserváis con tiempo podréis hacerlo en vuestro idioma (en español hay dos turnos: uno por la mañana y otro por la tarde). Para bajar a las minas hay muchas escaleras, así que si tenéis algún problema de rodillas podéis pedir bajar en ascensor (pago aparte); eso sí, se sube en ascensor.

El recorrido subterráneo dura entre una hora y media y dos horas visitando los pasillos y cuevas que se formaron a lo largo de los 700 años de la historia del lugar a través de la extracción de la sal de gran valor económico en la Edad Media. El punto más impresionante de la visita es la capilla de Santa Kinga, el verdadero motivo por el que muchos hacen esta visita.

La verdad es que la visita a las minas de sal me decepcionó un poco. Sí que es cierto que la capilla principal es alucinante y realmente quizás la visita valga la pena solo por esa capilla, pero el resto del recorrido no me pareció tan impresionante como había leído en algunos blogs.

Si tenéis claustrofobia tendréis que hacer un esfuerzo a la hora de subir en el ascensor, ya que en un espacio muy pequeño intentan meter a mucha gente y es realmente agobiante. Por suerte, el ascensor va bastante rápido y los 140 metros que hay que subir no se notan tanto.

Durante la visita conocí a unas chicas de Madrid, con las que volví al centro de la ciudad (cogimos el bus 304) y fuimos al centro a cenar. Después de un rato charlando y compartiendo historias me fui para casa para descansar, que al día siguiente tocaba madrugar. 

Continuará…

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