Qué ver y hacer en DUBLÍN

  • Autor de la entrada:
  • Comentarios de la entrada:Sin comentarios

Habíamos estado 5 días en Londres y, ¿entonces qué? ¿Volvemos a casa? Teniendo días de vacaciones, claramente la respuesta es NO. Así que cogimos un avión dirección Dublín, para disfrutar de las maravillas de Irlanda. En esta escapada teníamos dos objetivos: disfrutar la ciudad de Dublín y conocer los magníficos paisajes que nos brinda Irlanda del Norte. 

Qué ver y hacer en DUBLÍN

La ciudad de Dublín fue fundada por los vikingos a principios del siglo IX y ha sido escenario de guerras y conflictos hasta llegar a definir su propia identidad en el siglo XX. Gracias a su pasado, Dublín es una ciudad rica en historia, pero con constante adaptación al mundo moderno. Gracias al animado centro que presenta y a los verdes paisajes que tiene a su alrededor, es una ciudad que atrae a todo tipo de turistas, desde amantes de la naturaleza, hasta fiesteros que vienen a disfrutar de la cerveza irlandesa. 

Sin embargo, si nos centramos solamente en la ciudad de Dublín y no en sus alrededores, ésta no tiene mucho que visitar ni grandes paisajes que disfrutar. Eso sí, es una de las ciudades con un ambiente más divertido y con más vida de Europa. Y, aunque no sea una de las ciudades más bonitas de Europa, tenía ganas de visitarla y conocer el ambiente irlandés.

Como llegamos por la noche, lo primero que hicimos tras dejar nuestras cosas en el hotel, fue dirigirnos al centro de la ciudad a conocer el famoso Barrio del Temple Bar. Dicho barrio fue revivido en la década de 1980 por artistas, músicos y escritores, cuyas calles se han convertido, hoy en día, en un laberinto de cultura alternativa, fotografía, galerías, música y centros de arte. Pero el verdadero motivo por el cual este barrio es mundialmente conocido es por su gran vida nocturna, sus estrechas callejuelas llenas de pubs y restaurantes que siempre están abarrotados de turistas y locales. 

Los dos pubs más destacados son el Temple Bar y Oliver St. John Gogarty, donde vale la pena entrar a conocer el local y probar una de sus famosas cervezas Guiness, aunque los precios son totalmente desorbitados (en otros pubs menos conocidos encontrarás la misma cerveza por un precio mucho más razonable). Pero, aunque no vayas a tomar nada, entra en el bar y disfruta de la decoración que presenta y la música en directo que hay prácticamente 24 horas al día.

(El tíquet es de una caña normal y corriente, ¡imagínate lo que puede costar la Guiness!)

Después de unas horas disfrutando de la vida nocturna de Dublín, volvemos a nuestro hotel a descansar y reponer fuerzas para empezar el día siguiente con energía.

DÍA 1: Dublín

Nosotros empezamos la ruta dirigiéndonos al Phoenix Park, el parque en entorno urbano más grande de Europa. Aunque con el frío que hacía, tuvimos que parar por el camino a comprar un chocolate calentito para desayunar (¡y era en pleno verano!). El Parque de Phoenix alberga la residencia del Presidente de Irlanda, la Cruz Papal, el Monumento Wellington, el castillo de Ashtown y el zoo de Dublín. Vale la pena pasear media horita por el parque y disfrutar de lo grande y verde que es.

Tras un paseo muy agradable por el parque, nos dirigimos a la Fábrica de Guinness. El edificio en sí no es nada del otro mundo, pero si te gusta la cerveza, no dudes en entrar a conocer la fábrica de cerveza más famosa del mundo. En ella podrás conocer como elaboran la bebida y cuáles son sus ingredientes esenciales (agua, lúpulu, cebada y levadura).

A un cuarto de hora andando encontramos la Catedral Christ Church, también conocida como la Catedral de la Santísima Trinidad. Se trata de la iglesia más antigua de Dublín, junto con la Catedral de San Patricio, que mencionaré más adelante. La construcción de la Catedral Christ Church empezó en el año 1038, siendo entonces un pequeño templo de madera. A finales del siglo XIX la iglesia fue restaurada, presentando hoy en día un estilo neogótico, pero conservando algunas de las campanas más antiguas (la más antigua data del año 1038).

Esta famosa catedral está conectada con el Synod Hall a través de un pequeño puente de finales del siglo XIX. En él podrás encontrar un museo de exposiciones interactivas sobre la historia de Dublín durante la época vikinga y la Edad Media. 

Muy cerca de la catedral, encontramos el Ayuntamiento de Dublín, uno de los mejores ejemplos de arquitectura georgiana de Dublín. Puedes entrar en su interior, donde se encuentra la “Rotonda”, un gran espacio circular cubierto por una cúpula. Además, este espacio principal está decorado con múltiples estatuas, algunas de ellas de finales del siglo XVIII.

Nos adentramos entre las calles del centro histórico, donde se encuentra el Temple Bar, para disfrutar de la zona pero, ahora, de día. Recorre todas sus callejuelas comprando todo tipo de recuerdos y para en alguno de sus bares a comer y probar comida típica irlandesa. Aunque por la mañana no seas de comer mucho, no dejes de probar el desayuno irlandés (aunque sea a media mañana), ¡aguantarás el resto del día sin comer! Suelen ser bastante caros para ser un desayuno, pero vale la pena: enormes platos con salchichas, huevo, bacon, quesos… ¡Te encantará!

Después de un muy agradable paseo por el centro, nos dirigimos hacia la zona más nueva la ciudad, al otro lado del río. El puente más famoso de Dublín es el puente “Ha Penny”, construido en 1816. Cuando se construyó, se llamaba Puente Wellington, pero como cobraban medio penique para poder cruzarlo, la gente empezó a llamarle “Ha Penny”, nombre que conserva hoy en día. Un bonito puente peatonal por donde llegarás al otro lado de la ciudad. Y no te preocupes, ¡ya no hay que pagar por cruzarlo!

Una vez al otro lado del río, nos dirigimos a la calle Mary, una de las calles comerciales más famosa de la ciudad. En ella podremos disfrutar de espectáculos callejeros y, si te gustan las compras, de todos los grandes almacenes de ropa que conoces. En el número 1 de la calle Mary se ubica el famoso pub “The Church”, una iglesia reconvertida en bar. Aunque no tengas intención de tomar nada, vale la pena entrar en su interior a admirar la curiosa combinación de elementos católicos con la decoración de un pub.

Siguiendo por dicha calle, llegarás hasta The Spire, también llamado el monumento a la luz. La estatua en sí no es nada del otro mundo, simplemente es un obelisco de acero, pero lo que más impresiona es su enorme altura; con sus 120 metros de altura es considerado por muchos como la estatua más alta del mundo.

The Spire se encuentra en la intersección entre las calles Mary y O’Connell. O’Connell Street es una de las calles principales de Dublín y es desde donde salen y dejan la mayoría de autobuses que comunican con el aeropuerto u otros pueblos cercanos.

Después de un par de horas en el centro comercial de la ciudad, caminamos en dirección hacia el río hasta llegar a The Custom House, un edificio construido en el siglo XIII en estilo neoclásico. En sus inicios, fue utilizado como sede de la aduana del puerto de Dublín. Actualmente, se usa como sede del Ministerio del Medio Ambiente. Se trata de un edificio realmente imponente y que, al estar junto al río, su fachada puede verse reflejada en el agua, tanto de día como de noche.

Si cruzas el río para volver a la zona antigua de Dublín, llegarás al Trinity College, uno de los símbolos de Dublín y una de las universidades más antiguas del mundo. En el interior, podrás pasear por los jardines de la Universidad y disfrutar del ambiente estudiantil que se respira. La entrada al colegio es abierta y gratuita; pero, si quieres tener más información sobre cada uno de los edificios y adentrarte más en la historia del colegio, puede contratar una visita guiada.

Volviendo hacia el Casco Antiguo, pasamos por estatua de Molly Malone, también conocida como la golfa con el carro. El nombre de la estatua se debe a una canción que cuenta la historia de una pescadera que iba por las calles vendiendo mejillones y berberechos. La canción se ha convertido en el himno no oficial de Irlanda. La estatua es, por tanto, una representación de esta mujer. Cuentan que tocar las mamas de la estatua da buena suerte, por lo que verás a mucha gente haciéndose fotos mientras las toca, motivo por el cual están desgastadas.

Seguimos caminando hasta llegar al Castillo de Dublín, utilizado con múltiples funciones a lo largo de su historia. En sus inicios, fue el lugar de asentamiento de los vikingos y, pasando por fortaleza militar, residencia real, etc., hoy en día es utilizado como lugar donde se celebran las recepciones estatales. Un incendio en 1684 provocó la destrucción de la fortaleza, por lo que por fuera puede no parecer un castillo. Si quieres entrar en su interior tendrás que reservar una visita guiada con antelación.

Para acabar el día, nos dirigimos a la Catedral St. Patrick, a unos 10 minutos andando desde el castillo. La Catedral St. Patrick fue construida a finales del siglo XII en estilo gótico y, actualmente, sigue siendo el edificio religioso más alto de Irlanda. Aunque dicha catedral no es sede del obispo, es considerada Catedral Nacional de Irlanda.

Después de visitar la catedral, nos dirigimos a nuestro hotel a descasar para recuperar fuerzas para el día siguiente: ¡Irlanda del norte nos espera!

Continuará…

Deja una respuesta

Please rate*