Qué ver en CROACIA – Klis, Trogir y Zadar

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Hacía tiempo que pensaba en Croacia y nunca me decidía a ir, generalmente por los altos precios, tanto de los vuelos como del alojamiento. Y, entonces, una familia de aquí, del pueblo, me dicen que este año se van de vacaciones a ¡Croacia! Y claro, evidentemente, no podía desaprovechar la ocasión.

El año pasado se fueron a Rumanía y estuve a punto de irme con ellos, pero al final me fui con unos amigos a Grecia. Pues bien, esta vez no iba a dejarlo pasar.

DÍA 5:

Nuestro plan para el día de hoy era visitar la isla de Dogi otok y después pasear por Zadar hasta ver su famosa puesta de sol. Pero luego lo estuvimos mirando y teníamos unas dos horas hasta allí y 1 hora y media de ferry de ida y otra hora y media de vuelta; y además hay que tener en cuenta que los ferrys pasan cada hora u hora y media. Así que decidimos que había que salir demasiado temprano para poder hacer nuestro plan y no perder todo el día en transportes y creímos que no valía la pena ir tan cansados, así que hicimos algunos cambios.

Finalmente, decidimos no visitar la isla de Dogi otok, pese a que teníamos ganas, pero habría que dedicarle un día entero solo para ella, y optoamos por ir a la fortaleza de Klis, a visitar el famoso pueblo de Trogir, y después dirigirnos a Zadar a ver la mejor puesta de sol de toda Croacia.

Salimos de Split sobre las 8:30-9 de la mañana y en 15 minutitos ya estábamos en el pueblo de Klis para visitar su fortaleza, donde se habían grabado algunos capítulos de Juego de Tronos. La entrada a la fortaleza eran 40 kunas si no recuerdo mal, que equivalen a unos 7 euros. Desde mi punto de vista es una visita muy recomendada ya que, aparte de disfrutar de una antigua fortaleza medieval, tendréis unas vistas espectaculares de los pueblos de alrededor.

Un detalle a tener en cuenta es que no está muy habilitada para su visita, de forma que hay caminos que pueden ser peligrosos si no se va con cuidado (aunque siempre puedes ir solo por el camino principal y evitar riesgos).

Después de una hora paseando por sus murallas y torreones, volvimos de nuevo al coche para poner rumbo a Trogir, donde llegamos en una media horita. Llegar en coche al pueblo es lento, ya que siempre hay muchos coches. Para aparcar, podéis hacerlo en párquings que hay muy cerca del casco antiguo de la ciudad (eso sí, no sé el precio y puede ser mucho); o bien pasar del largo el centro y cruzar el puente que separa a Trogir de una pequeña isla llamada Otok ciovo, donde pudimos aparcar gratis. Desde ahí, cruzamos el puente andando y en 15 minutos estábamos en el caso antiguo de Trogir. Además de ahorrarte el párquing, desde dicha isla tendrás unas vistas muy bonitas de la ciudad amurallada, así que vale la pena cruzar el puente, aunque sea solo para ver las vistas.

Una vez en el centro de Trogir deambulamos por sus calles disfrutando de las callejuelas e iglesias que íbamos encontrando. La verdad es que tengo que reconocer que Trogir me decepcionó un poco; el pueblo es Patrimonio de la Humanidad y por las fotos que había visto parecía precioso. Y lo era. El problema es que está demasiado explotado por el turismo; había bares con unos toldos enormes que te impedían ver el edificio y hacían que el pueblo perdiera gran parte de su encanto. Con esto no quiero decir que no crea que no valga la pena ir, sino que me gustó menos de lo que esperaba; aunque creo que si se quitaran esos enormes bares y restaurantes podría ser uno de los pueblos más bonitos de Croacia.

Después de una hora y media de pasear por Trogir volvimos al coche para ir a alguna playita de la isla a comer. Después de una media hora de coche por caminitos al lado del mar y con playas bastante grandes, pero con mucha gente, llegamos a un camino de arena que, si seguías un poco, empezabas a llegar a pequeñas playas prácticamente para ti solo. Y ahí paramos. Aparcamos el coche, cogimos nuestros tuppers con la comida que habíamos preparado el día anterior y nos fuimos a la playa a comer en una sombrita. Nos bañamos, descansamos, repusimos fuerzas, y sobre las 3-4 de la tarde cogimos de nuevo el coche para ir hacia Zadar.

Llegamos a Zadar sobre las 5 y media de la tarde, una hora muy buena para pasear por la ciudad sin mucho calor, pero tiempo suficiente para verla antes de la puesta de sol. Hay aparcamientos muy cerca de la muralla, pero todos son de pago. Antes de llegar a la zona azul habíamos visto aparcamientos gratuitos, pero creemos que estaban demasiado lejos como para ir andando, así que esta vez nos tocó pagar.

Estuvimos una hora y media paseando por las calles de Zadar, viendo sus ruinas e iglesias; y sobre las 7 nos andamos por el paseo marítimo hasta llegar al órgano marino, el lugar perfecto para ver la puesta de sol. Y, como no, había muchísima gente; pero conseguimos un hueco bastante bueno para verla y nos sentamos rápido antes de que llegara alguien más a cogernos el sitio. Y la verdad es que la puesta de sol no decepciona; es impresionante. Los colores que se crean en el cielo mientras en sol se está yendo son alucinantes; es que no solo está el rosa típico de las puestas de sol, sino que podías ver toda la gama de colores alrededor del sol.

Tengo que reconocer que lo que es el caso antiguo no me gustó tanto como Split o Dubrovnik por el hecho de que las calles son mucho más anchas y hace que parezcan más una ciudad que un pueblo antiguo, además de algunos edificios mal cuidados. Lo que sí me gustó fue la plaza donde están las ruinas y la iglesia principal, aunque hay varias muy cerca. Y, por descontado, lo mejor de Zadar es su puesta de sol; es que tenéis que ir, aunque sea solo para ver la puesta de sol con el sonido del órgano marino, os encantará.

Y ya sobre las 8 y media cogíamos de nuevo el coche para volver hacia Split a descansar.

Continuará

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